El impuesto es la figura central de las finanzas públicas y el principal instrumento con el que el Estado financia sus funciones. Se define como un pago obligatorio que el Estado exige en ejercicio de su autoridad, sin que a cambio el contribuyente reciba una contraprestación directa o inmediata. Esto lo distingue de las tasas y las contribuciones especiales, que sí están vinculadas a un servicio puntual (como una tasa por un trámite) o a una obra pública específica (como una contribución por valorización). El impuesto, en cambio, se cobra según la capacidad económica de cada persona o empresa, que se refleja en cuánto gana, cuánta riqueza posee o cuánto consume.
Según cómo se cobran, los impuestos se clasifican en directos e indirectos. Los directos gravan de forma inmediata la capacidad económica de una persona identificada, y suelen aplicar tasas más altas a medida que aumenta el ingreso, como el Impuesto sobre la Renta. Los indirectos, en cambio, gravan el consumo o las transacciones, aplicando la misma tasa a todos los compradores sin importar su situación económica, como el IVA. También se distingue entre impuestos personales, que sí toman en cuenta la situación particular de quien paga, e impuestos reales, que gravan un bien o un acto en sí mismo, sin considerar quién lo posee. Según cómo varía la tasa frente al nivel de ingreso, un impuesto puede ser progresivo, proporcional o regresivo.
En cuanto a su propósito, los impuestos van más allá de simplemente recaudar dinero para el Estado. El economista Richard Musgrave identificó tres funciones centrales que cumplen: financiar bienes públicos que el mercado por sí solo no provee, como la defensa o el alumbrado público (función asignativa); reducir la desigualdad social a través del gasto público (función redistributiva); y suavizar los altibajos de la economía (función estabilizadora). A esto se suma una cuarta función, conocida como pigouviana en honor al economista Arthur Pigou, que busca desincentivar conductas o consumos que generan un daño social, como ocurre con los impuestos al tabaco o a los combustibles.




