La tokenización consiste en representar activos financieros, como bonos, fondos o dinero, mediante registros digitales compartidos, parecidos a una cadena de bloques, que ejecutan reglas programadas de forma automática. Sus defensores sostienen que puede hacer el sistema financiero más rápido y barato, pero su tamaño actual es todavía pequeño. Según rwa.xyz, los activos del mundo real tokenizados sumaban unos 38.800 millones de dólares al 15 de septiembre de 2026, sin contar las stablecoins (monedas digitales ligadas a una moneda como el dólar), y cerca de 40% eran bonos del Tesoro de Estados Unidos y fondos de dinero.
Su principal promesa es la liquidación simultánea. Hoy, completar una operación con bonos o acciones puede tardar uno o dos días, mientras que con tokens la entrega del activo y el pago ocurren al mismo tiempo, lo que reduce el riesgo de que una de las partes incumpla. Además, los contratos inteligentes pueden pagar intereses o pedir garantías adicionales sin intermediarios. Proyectos como Guardian, un piloto de la Autoridad Monetaria de Singapur lanzado en 2022 con bancos como DBS y JPMorgan, y propuestas como el Finternet, una visión discutida en el Banco de Pagos Internacionales (BIS), exploran esas ventajas, pero todavía no demuestran beneficios a gran escala.
El FMI advierte que esa rapidez también tiene un costo. Cuando las operaciones se liquidan al instante y a toda hora, desaparecen los márgenes de tiempo que hoy permiten compensar posiciones y conseguir liquidez. En una crisis, las exigencias de garantías automáticas y las ventas forzadas podrían agravar las caídas. Además, el riesgo ya no estaría solo en los balances de los bancos, sino también en la calidad del código informático, de los datos que alimentan los contratos y de la gobernanza de las plataformas. El Consejo de Estabilidad Financiera (FSB) concluyó en 2024 que, por su escala actual, la tokenización no representa un riesgo material para la estabilidad financiera, pero podría hacerlo si crece sin supervisión adecuada.
Para las economías emergentes el panorama es mixto. Las stablecoins en dólares pueden abaratar las remesas y los pagos al exterior, pero también pueden desplazar la moneda local, debilitar la política monetaria y facilitar la salida de capitales, advertencia que el FSB repitió en marzo de 2026. Para encauzar el cambio, el FMI plantea definir con claridad qué activo se usa para liquidar y quién lo respalda en última instancia, con opciones como depósitos tokenizados regulados o monedas digitales de banco central de uso mayorista. También pide reglas más parecidas entre países, porque las diferencias abren espacio para el arbitraje regulatorio, y mayor coordinación entre supervisores.
Fuentes: FMI, Tobias Adrian, “Tokenized Finance and Money”, 11 de mayo de 2026; FMI, Notes 2026/001; FSB, “The Financial Stability Implications of Tokenisation”, 22 de octubre de 2024; FSB, Informe Anual 2025, vía Forklog; BIS, Informe Económico Anual 2025; MAS, Proyecto Guardian, vía IFC Review; rwa.xyz, vía Eco, 15 de septiembre de 2026; cálculo propio




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