El capital de riesgo en América Latina registra transformaciones con la progresiva reincorporación de mercados fronterizos que estaban fuera del radar internacional. Un hito de esta dinámica es Fina, un SaaS financiero fundado en 2024 por Enrique Rivas, Sebastián Sánchez, Diego Aponte y Alejandro Fariña. Su génesis responde a las fricciones operativas que enfrentó Rivas en Caracas Ron, su primer e-commerce, donde la contabilidad rudimentaria en entornos inflacionarios mermaba la rentabilidad. Tras ser acelerada por Emprelatam, Fina ejecutó un financiamiento incremental: captó 450.000 dólares pre-semilla entre 2024 y 2025, hasta consolidar una ronda semilla de un millón de dólares en agosto de 2026.
Fina opera como un software de gestión en la nube por una suscripción mensual de 35 dólares al cambio oficial. Su plataforma integra ventas, inventarios y conciliación bajo baja conectividad, mitigando el riesgo macroeconómico al automatizar el cálculo de pérdidas cambiarias. Además, incorpora a NINA, asistente con IA para analítica estratégica. No obstante, la disrupción radica en su evolución fintech: al procesar transacciones de más de 5.000 comercios activos, evalúa la solvencia en tiempo real. Mediante una alianza con la banca local, Fina diseñó microcréditos instantáneos con tasas de morosidad casi nulas, resolviendo el aislamiento financiero de las PYMEs ante la escasez del crédito bancario tradicional.
Esta ronda, coliderada por SquareOne Capital (EE.UU.) y Tomorrow Capital (Reino Unido) junto a firmas de Brasil y Chile, establece un precedente clave. El éxito de una capitalización sobresuscrita evidencia que los inversionistas ya no evalúan a Venezuela desde la parálisis por incertidumbre, sino por su potencial transaccional y su talento técnico local. Junto a Cashea, Fina reposiciona al ecosistema local en los flujos globales de venture capital, demostrando que es viable edificar empresas con alta eficiencia de capital y capacidad de escalabilidad en Venezuela.


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